Cómo funciona
Diez minutos, tres juegos y un adulto leyendo en voz alta. Así es un martes cualquiera.
Los diez minutos, por dentro
Cada día la app elige tres juegos: uno de foco y atención, uno de coordinación o de memoria y lógica, y uno de calma para cerrar. Siempre en ese orden, y no por capricho: si el rato termina con los dos respirando despacio, termina bien.
Los tres son los mismos para todo el mundo ese día y no cambian aunque recargues la página: dependen de la fecha, no del azar. Por eso la hoja que cuelgas en la nevera coincide siempre con lo que ves en el móvil.
El niño juega sin pantalla
La app es para ti, no para él. Tú lees la consigna, dejas el móvil a un lado y jugáis. Él no lo toca en ningún momento, y mientras dura el juego no hay nada que mirar ahí dentro.
Hay un cronómetro por si te viene bien tenerlo, pero es opcional y no pasa nada por ignorarlo. Nadie tiene que estar pendiente de él.
Las cuatro categorías, y para qué son
Un martes a las ocho y media, lo que decide a qué jugáis es si podéis con algo movido y si hace falta buscar algo en un cajón. Las cuatro categorías van por debajo de eso: están para que el rato tenga forma, no para que elijas por ellas.
Cada juego pertenece a una. Dicho por lo que hace el niño mientras juega:
- Foco y atención. Sostener la cabeza en una sola cosa un rato, sin saltar a la siguiente en cuanto aparece. Lo reconoces cuando está montando algo en el suelo y no oye que le estás llamando.
- Regulación emocional. Notar cuándo se acelera o se atasca, y encontrar el camino de vuelta a la calma — al principio, contigo al lado. Lo reconoces cuando se le cae la torre y, en vez de barrerlo todo de un manotazo, resopla y vuelve a empezar.
- Coordinación bilateral. Poner de acuerdo los dos lados del cuerpo: las dos manos a la vez, o la mano con el pie contrario. Lo reconoces cuando se ata los cordones o recorta por una línea, donde cada mano hace algo distinto y tienen que ir juntas.
- Memoria y lógica. Guardar unas cuantas instrucciones en la cabeza y usarlas mientras juega, sin que se le caigan por el camino. Lo reconoces cuando le mandas a por el pijama y vuelve con el pijama, y no con un coche.
La edad gradúa, no excluye
Puedes anotar a quién juega en casa —hasta seis— con su edad, y marcar de un toque quién juega hoy. En los juegos físicos la edad casi nunca es un corte real: «repite la secuencia» no tiene edad mínima, tiene longitud de secuencia.
Por eso ningún juego se oculta nunca. Cada uno trae dos o tres niveles y la edad solo sugiere por cuál empezar: es orientativo y puedes subirlo o bajarlo a mano según cómo vaya la tarde. Cuando un juego no funciona bien con hermanos de edades distintas jugando a la vez, lo dice y te da la alternativa por turnos.
El rato del día es uno solo para toda la casa: depende de la fecha y de nada más. Por eso coincide siempre con la hoja de la nevera, haya las edades que haya alrededor de la mesa.
El catálogo
Además del rato del día, podéis jugar a lo que os apetezca. En el catálogo se filtra por área, por energía —tranquilo o movido, que a las ocho y media es lo que de verdad decide— y por «sin materiales», para las noches en las que no hay ni ganas de buscar un vaso.
Dónde se guarda todo
Todo se queda en tu dispositivo, dentro del navegador con el que entras. Los juegos marcados, los días jugados, los días seguidos, el momento del ritual y los apodos y edades que hayas anotado: nada de eso sale de ahí.
Eso tiene una consecuencia que conviene saber de antemano: si borras los datos del navegador, cambias de móvil o entras en modo incógnito, no viaja contigo. Empezáis de cero, y nosotros tampoco podemos devolvéroslo, porque nunca lo tuvimos.
La semana para la nevera
Desde la pestaña Hoy puedes abrir e imprimir la semana entera en una hoja: los siete días con sus tres juegos, y vuestro momento del ritual. Está pensada para colgarla con un imán y poder jugar sin abrir la app, que es lo que nos gustaría que acabara pasando.